No queda nada para Navidad, y por tanto no queda para que vengan los Reyes Magos.

Para mi es la fiesta mas bonita de la Navidad y yo sigo manteniendo la misma ilusión que cuando era una niña. Yo siempre escribo mi carta para los Reyes Magos, en ella incluyo todas aquellas cosas (materiales) que quiero conseguir a lo largo del año, algunas son pequeñas cosas como un bolso o unos zapatos, otras más importantes como una tele o un ordenador y todavía recuerdo el año que pedí un coche e incluso el año que pedí una casa.

Para mi la fiesta de los Reyes es lago más que una mera recepción de regalos es el momento de pensar en todas aquellas cosas por las que día a día trabajamos y que pueden ser más o menos necesarias. Es la forma de mantener la ilusión por todo aquello que deseamos y seguir valorando todo lo que recibimos, independientemente de lo que nos cueste conseguirlo, sea o no un regalo.

Ahora a mis hijas pequeñas, intento inculcarlas el valor de las cosas, pero cuando llegan estas fechas es francamente difícil poner límites. Por supuesto se lo piden todo, absolutamente todo (y mira que hay anuncios de juguetes en la tele) y yo, como la mayoría de los padres no me puedo resistir a darles todo lo que puedo (y creo que es demasiado).

El año pasado siguiendo lo que me pareció una muy buena idea de una compañera de trabajo, intente implantar una regla:

Solo podéis pedir tres cosas, una a cada Rey Mago

Reconozco que ellas lo entendieron y cumplieron el objetivo, escribieron sus cartas indicando el juguete que pedían a cada Rey

Este se lo pido a Melchor, este a Gaspar y este que es el que más me gusta a mi Rey favorito Baltasar.

Pero yo una vez más fracase. No me pude resistir y engordé las cartas con un montón de cositas más.

Este año una vez más he comenzado la cruzada de los tres regalos. Bueno, veremos que pasa, yo he hecho propósito de enmienda, pero es tan difícil resistirse a dárselo todo!!