Ayer fue una de esas tardes, en las que todo se conjugo para que yo disfrutara de un poco de tiempo para mi.

Las niñas no han empezado el cole todavía, y ayer decidieron que querían ir a dormir a casa de los abuelos (bueno tengo que reconocer que yo las empuje un poquito, pero solo un poquito), así que las recogieron por la mañana y se las llevaron.

Al salir del trabajo, nadie me esperaba en casa, reloj en mano, con mirada asesina (tengo una canguro que se va a las 20:00 h y si me retraso me fulmina...) Así que decidí no hacer nada y eso que mi lista de “asuntos pendientes” para cuando “tenga tiempo” es tan larga que ya ni me acuerdo de lo que son algunas cosas....
Me fui a un centro de masajes, para que me mimaran un rato, ¡salí como nueva!, me fui dando un paseo a casa, al llegar.... ¡sorpresa! ¡Silencio!.

El sofá y la tele me gritaban: ven... ven.... y allí termine el día.

Gracias a mis hijas por tomar la decisión
Gracias a mis papis por ocuparse de mis niñas...
Gracias a mi pareja por entender que necesito tiempo... y conformarse con pan y queso para cenar
Gracias a L, por el estupendo masaje...
Gracias al sofá por acoger a una desconocida...

Y Gracias a mis papis políticos , esta noche “las niñas se van a dormir a su casa”.

Creo que hoy iré a la peluquería (esto si esta en mi lista).